El Miguelito

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El mes pasado hicimos un viaje por todo el país Azteca, pasando un mayor tiempo en la capital, donde quedé impresionado por los hoteles en México D.F., los cuales me resultaron impresionantes, ya que México parece ser una tierra donde se siembran los hoteles mas lujosos.

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Aunque pasamos mucho tiempo en la ciudad, también fuimos, como todos los turistas, a muchas de las pequeñas y grandes ciudades que yacen en la Riviera Maya, lugar que me dejó a mí y a mi familia con la boca abierta.

Naturalmente, no pudimos quedarnos en muchos de los lugares por los que pasamos, debido a que esto nos hubiera tomado mucho tiempo y habría sido imposible ver todas las maravillas de aquella costa caribeña.

En lo personal, de haber tenido el tiempo necesario, me hubiera gustado llegar a la Riviera Maya en autobús o en un coche rentado, para ver la metamorfosis natural que sufre el terreno desde la capital hasta aquella costa, transcurso durante el cual imagino que los montes lentamente van convirtiéndose en bosques planos, que después se convertirán en selvas, cuya profundidad sólo conocen bien las serpientes, quienes exploran y conocen los suelos mejor que nadie y quienes estoy seguro que saben lo que es gozar con ver el mar después de conocer las tinieblas de las cavernas que solo ellas conocen.

Sin embargo no fue así y solo nos pudimos quedar más de tres días en un lugar cerca de Puerto Morelos, que se encuentra en un punto medio entre Cancún y Playa del Carmen.

Ahí, en medio de la selva y viendo al mar, se encuentra un pequeño hotel que pertenece a un amigo holandés de mi padre, con quien además suele hacer negocios de vez en cuando.

El hotel se llama “El Miguelito”, en honor a uno de los escritores más grandes de la historia llamado Miguel de Cervantes Saavedra, autor de El Quijote de la Mancha, una novela que he leído con gran placer y a la cual tiendo a consultar de vez en vez.

El hotel es un lugar decorado con todo tipo de objetos, desde muebles hasta la construcción en sí, alusivos a la obra maestra de este grandísimo escritor y cuenta con la biblioteca más impresionante que he visto en mi vida.

Aunque suene extraño, aquella biblioteca es relativamente pequeña, en forma de un hexágono, cubierta por libros viejos en todos sus lados menos en uno, que es un espacio abierto viendo directamente al mar del Caribe.

Cuando digo directamente al mar me refiero a que no hay playa entre aquella habitación y el mar, al grado de que uno se puede sentar en el piso de mármol blanco y con los pies tocar las cálidas aguas del caribe mientras uno lee.

De hecho, las aguas que acarician a aquella habitación tienen una profundidad de unos 15 metros; sin embargo, las rocas que reposan en el piso de ese mar se ven con mucha claridad.

Ese lugar es, sin duda, el más bonito que he visto.

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